Hace unas semanas me ronda un tema. Y como suele suceder, la sincronicidad hace que el tema tome diferentes formas, se deje ver al doblar cada esquina y se haga oir en los diferentes ambientes donde me desenvuelvo.
Comenzó el mes pasado.
Un día descubrí que me habían cortado mi línea de teléfono celular y llamé para saber el motivo. Una escueta operadora, me hizo saber que "adeudaba" $ 260. Y Si bien tenía en mente que había abonado, no poseía el comprobante a la mano, era una semana complicada de trabajo y decidí pagar y avisar, para que me restituyan la línea.
A las dos semanas recibí una factura por $ 260 y ya el asunto me hizo ruido.
Volví a llamar y un nuevo operador (Nicolás, en esta oportunidad) me explicó gentilmente que no le de importancia a la factura que vencía días después, porque yo había pagado por adelantado.
Como no salía de mi sorpresa pedí que me expliquen la lógica de decirme que tenía "deuda" si la factura vencía más de 15 días después. La explicación fue una seguidilla de: "la entiendo sra", "no puedo hacer nada sra", "yo no sabría decirle sra".
Desde entonces la sra, o sea yo, me vengo preguntando acerca de la calidad del tipo de diálogos que tenemos.
Hace dos días, en una charla que anuncié por aquí mismo para empleos.clarin.com el tema volvió a hacerse presente.
Noté algunas de las formas en que construimos nuestros diálogos -en este caso eran diálogos de personas que buscan empleo-
Y otra vez, quedé pensando en la calidad de nuestros intercambios.
Estas y otras circunstancias me hicieron recordar algo que leí de diversas fuentes y es la forma en que los occidentales, en general, concebimos la comunicación.
Cuando tenemos por delante una reunión de trabajo, un reclamo que realizar, una decisión que tomar en conjunto con un "otro", nos predisponemos mentalmente de una determinada manera.
Preparamos argumentos, que apoyarán nuestra postura (tomada a priori) como si de ello dependiese el éxito de nuestra intervención. Cuando en realidad ese "otro" es, como decía el gran Atahualpa Yupanqui, acerca de la amistad:
Yupanqui: - Justino Leiba… era un hombre… ya tenía bigote gris… ¿qué es un amigo pa usted Justino? – hablando así, entre ellos – ¿qué es un amigo pa usted Don Justino? A Don Leiba, el del bigote gris, un poco marrón acá por el tabaquito… dejaba su cigarrito acá y le tenía su bigote… y dijo una cosa que, todo el mundo se rió, y yo acompañé la sonrisa o la risa de la gente sin darme cuenta. Años después me di cuenta que había “ahondao”, que había dicho cosas con tercera dimensión…
Serrano: - ¿Qué había dicho exactamente?
Yupanqui: - ¿Qué es un amigo pa usted?… un amigo… y lo pensó, y fumó… dos pitaditas… y dijo: Un amigo… es uno mismo, con otro cuero.
Fuente: Verboamérica un continente de palabrasY más allá de las diferencias personales y de conceptos que podamos tener, ver de este modo a nuestro interlocutor -sea este una persona, un grupo reducido o un gran mercado- se constituye en la llave de una comunicación eficaz, franca y abierta; capaz de generar un esquema donde ambos ganemos.
Y acá entra a jugar otra teoría a la que muchos adhieren y es: que no existen las relaciones ganar/ganar, ya que para que uno gane alguien tiene que perder. Y si bien en muchos contextos sucede de ese modo, considero que eso pasa cuando no establecemos las condiciones necesarias para que la relación sea generadora de más y mejores resultados.
Dicho en criollo: si discutimos por las manzanas que da un árbol, las que yo me lleve, serán las mismas que el otro pierde, pero si entre los dos nos encargamos de plantar más árboles, en un tiempo ambos estaremos disfrutando de más manzanas que las que pensamos cuando iniciamos el intercambio.
Es una cuestión de cómo enfocamos las relaciones y de aceptar que el primer paso es el desprendimiento.
Para disfrutar de relaciones constructivas, es necesario desprendernos, soltar, despojarnos sinceramente de nuestros intereses y aceptar que el otro no es un contrario, ni un adversario, ni siquiera un otro.
El otro, soy yo misma en otro cuero!
En el desprendimiento y la aceptación del otro sin juicios de valor que nublen nuestra empatía, radica el secreto para aprender a construir relaciones sustentables y significativas, que nos ayuden a superar las relaciones líquidas de las que habla Zygmunt Bauman.
Saludos
