5/12/2010

Aprendiendo a ser felices.

En más de una oportunidad, hice referencia a la influencia de nuestros estados internos.
Nuestro mundo interno esta conformado por las cosas que nos decimos a nosotros mismos, las imágenes del mundo y de nosotros que creamos en nuestra mente y las cosas que sentimos.
Son estas tres cosas las que determinan nuestro accionar. Son lo que antecede a nuestras conductas.

De esto mismo habla Martin Seligman cuando plantea su modelo ABC (Adversity, Beliefs, Consequence) del optimismo aprendido.
Si internalizamos que ante un determinado Problema, aplicamos nuestras Creencias, generando un Resultado; comprenderemos que bastará con cambiar nuestras creencias para obtener un resultado diferente.
Tratar de cambiar los resultados sin alterar nuestras creencias, es un engaño originado en nuestros miedos.
Así pues, si queremos cambiar algo en nuestras vidas, analicemos las creencias subyacentes y desafiémoslas con coraje.

El primer paso para la concreción de nuestros sueños, es desafiar a nuestro crítico interno, que nos frena y nos llena de imágenes y voces que dificultan nuestra felicidad. El optimismo se aprende, es un trabajo cotidiano que comienza desafiando las creencias que limitan nuestras vidas. Es animarnos a enfrentar los miedos que generan esas voces negativas. Es dejar por una vez nuestro rol conservador y asumir riesgos.
Los imposibles empiezan en nuestra mente!
Desafiar nuestras creencias limitantes nos conducirá por nuevos senderos. El pesimismo, como muchas cosas en la vida, se aprende. Considero que las personas somos optimistas por naturaleza, pero al crecer, distintas circunstancias nos llevan a interpretar el mundo de un modo pesimista.
Algunos podrán sostener que el optimismo y el pesimismo se aprenden, quizás se trate de recuperar al niño optimista que fuimos alguna vez:






Seligman analizó la forma en que las personas optimistas y pesimistas se explican las cosas que les suceden y halló diferencias interesantes en tres facetas:

Permanencia:
Cuando algo sale mal, las personas pesimistas buscan explicaciones de tipo permanente :
"Siempre me pasa lo mismo".
"Nunca lo voy a lograr".
Las personas optimistas, en cambio, utilizan estructuras temporales que les permiten encontrar nuevas oportunidades y caminos:
"Esta vez, me equivoqué".
"En este proyecto, no me esforcé lo suficiente".


Alcance:
Las personas pesimistas tienden a utilizar un estilo general o universal, que los ata al fracaso:
"En todas las reuniones pasa lo mismo".
"Soy pésimo estudiante".
"Todos/as los hombres/mujeres, son iguales".
Las persona optimistas, tienden a explicarse las cosas de una manera específica, que acota y limita el alcance de las situaciones fallidas:
"Esta reunion salió mal".
"La matematicas, no es mi fuerte".
"Este/a hombre/mujer actuó de mala manera".

Personalización:
Cuando las cosas salen mal, los pesimistas suelen culparse a si mismos:
"No aprobé porque soy mal estudiante".
Los optimistas en cambio buscan explicaciones en las circunstancias externas:
"El tiempo para estudiar no me alcanzó".
Se trata pues de reconocer en nosotros mismos que tipo de patrones utlizamos y cambiarlos para nuestro beneficio.
Hoy es un día espléndido para comenzar!