10/01/2009

Remixado de Esopo

Casi todos recordarán la fábula de la Liebre y la Tortuga.
Ambos animales discutían acerca de cuál de los dos era el más veloz, como no lograban ponerse de acuerdo decidieron hacer una carrera para dirimir la cuestión.
El día del desafio, la Liebre, creyendo que su velocidad lo era todo para ganar la carrera, decidió descansar bajo un árbol, quedándose dormida por una largo rato. La Tortuga que era perseverante y voluntariosa aprovechó la flojera de la Liebre y ganó la carrera a pura constancia.

Hasta aquí la fábula tradicional que nos deja como moraleja que: nunca hay que dar por hecho algo, antes de realizarlo.

Sin dudas la Liebre tenía incorporada a su identidad ser el animal "más veloz", vaya bofetón a su autoestima habrá sido haber perdido ante la Tortuga -animal de identidad lenta y acompasada, si los hay-.
La Liebre habrá pasado un largo tiempo tratando de conciliar su IDENTIDAD con las CIRCUNSTANCIAS. Qué hubiese pasado si la Liebre se hubiese apropiado de esa circunstancia y la hubiese convertido en parte de su ser?
¿Hubiese podido nuestra Liebre superarse a si misma y a su falta de perseverancia incoporando una afirmación del tipo: "SOY un animal lento"?

Hay en danza una segunda parte para esta fábula, que cuenta que la Liebre luego de un riguroso exámen de conciencia, volvió a desafiar a la Tortuga para esta vez, haciendo gala de su fama de animal veloz, SI ganar la carrera. Habiendo asumido que su desidia le había acarreado un disgusto, la Liebre no paró a descansar y simplemente hizo aquello que debió haer hecho desde la primera vez: correr hasta la meta.

Esta segunda parte nos deja una moraleja distinta acerca de los beneficios de conocer nuestras capacidades y de esforzarnos al máximo para lograr nuestros objetivos.


Yo no doy crédito a esta segunda parte por una sencilla razón: me parece justo dejar que la Tortuga disfrute de las mieles del triunfo.
 La tortuga conocía su identidad desde el principio y sabiéndose lenta, también se sabía constante. Este conocimiento de su propia identidad le permitió a la Tortuga -según mi modesto entender- rechazar cortésmente el nuevo desafío. Al fin y al cabo era Tortuga y no tonta!

La pregunta en todo caso es, qué hubiese pasado si ambos animales hubiesen trabajado de manera mancomunada, aunando sus capacidades y compensando sus defectos en procura de convertirse en un equipo veloz y perseverante.

9/30/2009

Talleres sobre Identidad, brindado y ofrecido a ONGs y Asociaciones sin fines de lucro.

Desde tiempos inmemoriales el hombre se ha preguntado ¿quién soy?
Hay una búsqueda incesante por saber de dónde venimos y hacia donde vamos.



En el camino de la búsqueda de nuestra identidad muchas veces tendemos a identificarnos con roles de nuestra vida (trabajo, paternidad, situaciones sociales), sin tomar conciencia que esos roles sólo son una parte de nosotros.
“Soy desocupado”
“Soy una mujer golpeada”
“Soy una madre soltera”
“Soy gordo”

Este tipo de afirmaciones nos muestran claramente los inconvenientes que tenemos a diario para despegar de nuestra identidad los roles o las circunstancias de la vida.
Necesitamos empezar a cambiar esas afirmaciones limitantes por afirmaciones que saquen las limitaciones de nuestro ser y las coloquen en el hacer.
La palabra “SOY” es la de mayor impacto en nuestra mente y es esta quién dirige nuestras acciones.
Si mi mente me dice que “SOY desocupado”, nuestro inconciente dirigirá a nuestra mente conciente a realizar todas las acciones necesarias para llevar a cabo esa afirmación.
Es tal nuestra impersonalización a través de los años que llegamos a identificarnos con nuestros defectos y hasta con nuestras enfermedades, dándonos muy pocas chances de cambio y mejora. “SOY un inútil”, “SOY fea”.
Debemos adentrarnos en nuestro interior, porque allí se encuentra la materia prima de la que estamos hechos, allí debemos bucear en busca de nuestra identidad y allí están las herramientas del cambio.
Nuestra identidad está relacionada con cómo creamos significado en la vida.
Este taller nos invita a dejar de adecuar nuestra identidad al mundo y sus circunstancias para redescubrir nuestra esencia y dejarla fluir para compartirla con el mundo, pues de este modo cumpliremos la misión para la que fuimos creados.
Por medio de la PNL –Programación Neuro-Lingüística- descubriremos la forma de cambiar las creencias que nos impiden dejar fluir nuestro ser.
Aprenderemos que en momentos difíciles debemos empaparnos de afirmaciones positivas que nos muestren una salida: “YO SOY fuerte y puedo superar esto”, “YO voy a encontrar la salida”.
A lo largo de la vida vamos fabricando máscaras que ocultan nuestro verdadero YO, identidades falsas que nos impiden conectarnos con nuestra verdadera identidad. Esas máscaras son como represas que impiden que el agua fluya y encuentre su curso natural.
Cada persona es un ser único e irrepetible, libre y responsable, con capacidad de amar y cuyo aporte a las demás personas y al bien común es ÚNICA. Por y para ello existo y soy valioso.
El ser humano existe y ha sido creado para el bienestar y esto sólo puede lograrse a través del amor: el amor a si mismo y el amor a los demás:“Ama a tu prójimo como a ti mismo”-.


En este taller reafirmaremos al amor como sentimiento mater y movilizador de la vida del hombre.
La modalidad será participativa, los asistentes aportarán a la propuesta de los facilitadores para lograr arribar a conclusiones consensuadas y grupales que nos enriquezcan a todos y cada uno.
 Se realizarán ejercicios individuales y grupales para dinamizar el aprendizaje. Utilizaremos cuentos, fábulas y canciones para anclar los conocimientos adquiridos en los participantes.